Desde la avenida Montes hasta la plaza del Estudiante, el desfile navideño transformó la ciudad en una fiesta familiar marcada por la alegría infantil, la creatividad y el reencuentro ciudadano.

AMUN / 13-12-25

Cuando el reloj marcó las 14:27, la ciudad empezó a sonar distinto. No fue el tráfico ni el murmullo habitual del centro paceño, sino las primeras notas de Jingle Bells interpretadas por la banda Eduardo Caba, que abrieron oficialmente el Desfile Navideño.

La Navidad, puntual y luminosa, echó a andar desde inmediaciones de la Cervecería y se deslizó como una cinta de colores por la avenida Montes, la Mariscal Santa Cruz y la 16 de Julio (El Prado), hasta descansar en la plaza del Estudiante.

En medio del gentío apareció el alcalde Iván Arias, acompañado por su esposa y sus dos hijos. No llevaba traje protocolar, sino un gorrito navideño que alguien le colocó entre risas y aplausos. Caminó el recorrido saludando, recibiendo abrazos, chocando manos.

Un niño se le acercó y le regaló un dibujo: un gesto sencillo que, por unos segundos, valió más que cualquier discurso. El Alcalde respondió alzando la voz entre la música y los cascabeles: “¡Qué viva la Navidad!”, y la frase se multiplicó en sonrisas.

“Estamos arrancando a la hora acordada, y eso ya es una alegría”, decía mientras avanzaban los primeros carros alegóricos. “Son 180 grupos, 180 organizaciones y más de 160 carros para disfrutar esta tarde. Pero no se olviden: esta es una fiesta familiar. Políticos, abstenerse. Alcohol, prohibido. Esta es la fiesta de los niños”, subrayó. A su alrededor, madres, padres e hijos confirmaban el mensaje: coches, globos, niños sobre hombros, miradas asombradas.

El desfile fue un carnaval de imaginación

Papanoeles de todos los tamaños, Grinch traviesos, galletas de jengibre que caminaban, regalos con piernas, estrellas, duendes y hasta mascotas disfrazadas avanzaron entre música, aplausos y celulares levantados.

El color y la creatividad se adueñaron de la tarde paceña, mientras el Alcalde bajaba a ratos a la calzada y luego se apostaba a los costados para observar, como un ciudadano más, el paso de la Navidad.

Desde la organización, el secretario municipal de Culturas, Rodney Miranda, observaba satisfecho. “A las 14:30 en punto dimos inicio al desfile. Empezar a tiempo también es parte del respeto a la gente”, comentó.

Con más de 100 camiones ya en fila y muchos más por llegar, aseguró que la expectativa superaba a la del año pasado. “La Paz se ha convertido en la capital de los eventos navideños. Tenemos el árbol más destacado de Bolivia, el desfile más grande, y además esto mueve la economía”, dijo Miranda.

Y la economía, como la Navidad, también se sentía en el aire: vendedores de gorritos, sillas alquiladas, refrescos, choripanes, transporte improvisado. Una cadena silenciosa que se activa cuando la cultura toma la calle.

Al caer la tarde, el Alcalde llegó a la plaza del Estudiante, punto final del recorrido. El primer carro alegórico en arribar fue el de la empresa Súper Snacks Krocos, seguido por el Centro de Formación Educativa Montreal. Detrás, todavía venían decenas más, cargados de luces y sueños.

La ciudad, por unas horas, se permitió creer. Creer en la familia reunida, en los niños riendo, en la música que abraza y en una Navidad que, al menos esta tarde, logró unir a La Paz bajo un mismo brillo.

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