La Paz, 1 de noviembre de 2026.- Bolivia y México unieron sus tradiciones de Todos Santos y el Día de Muertos en un encuentro intercultural realizado este domingo en el Museo Nacional de Arte, donde las expresiones espirituales, la memoria de los seres queridos, la música, la danza y la gastronomía de ambos países fueron protagonistas de una celebración que busca fortalecer los lazos culturales y preservar las costumbres ancestrales.
La actividad reunió mesas tradicionales bolivianas y altares mexicanos, en una jornada que permitió reconocer las profundas similitudes entre dos culturas que, desde distintas expresiones, comparten una misma concepción espiritual sobre la vida, la muerte y el reencuentro con quienes partieron.
Durante su intervención, el alcalde de La Paz, César Dockweiler, destacó que esta celebración representa mucho más que un intercambio de costumbres: es un encuentro cargado de esperanza.
“México y Bolivia compartimos el pan de muerto y las tantawawas. Compartimos los platos que apreciaban aquellas personas que ya partieron, compartimos las ofrendas, el altar y las mesas. Compartimos una hermosa tradición de esperanza”, expresó.
La autoridad municipal explicó que el significado más profundo de estas festividades está relacionado con la creencia y la esperanza de recibir nuevamente la visita de los seres queridos.
“Esperanza de que este día vuelven aquellos seres queridos que apreciamos y los tenemos en nuestro corazón a compartir unos minutos, unas horas, un día con nosotros”, manifestó Dockweiler, al resaltar el valor espiritual que une a las familias bolivianas y mexicanas.
Revalorizar las tradiciones bolivianas
El alcalde también hizo un llamado a fortalecer y proyectar las expresiones culturales propias de Bolivia, destacando la necesidad de darles mayor visibilidad y reconocimiento.
Como ejemplo, mencionó la monumental Catrina de 33 metros presentada en el Zócalo de México y propuso impulsar una iniciativa similar en La Paz, con la elaboración de una tantawawa de 35 metros.
“Al año tenemos que tener una tantawawa de 35 metros, porque algo tenemos que hacer es recuperar también nuestra cultura y nuestra tradición”, sostuvo.
Dockweiler aclaró que el propósito del encuentro no es competir entre culturas, sino generar un espacio de integración que permita compartir con el mundo las semejanzas y la riqueza de las tradiciones de ambos pueblos.
En esa línea, recordó el impacto que tuvo en México la realización de un desfile del Día de Muertos, cuya proyección internacional estuvo vinculada a la película de James Bond, y planteó que La Paz también puede impulsar iniciativas culturales de gran alcance para mostrar sus propias tradiciones.
Un encuentro que busca trascender en el tiempo
La celebración, organizada con el apoyo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, la Embajada de México y el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, presentó un altar mexicano de siete niveles dedicado este año al cantante Juan Gabriel, al cumplirse diez años de su fallecimiento.
También se compartieron elementos representativos de ambas festividades, como el pan de muerto, las tantawawas, la flor de cempasúchil, las veladoras, las ofrendas gastronómicas y las tradicionales mesas bolivianas.
El embajador de México en Bolivia, Eduardo Sosa, destacó las profundas conexiones culturales entre ambos países y la importancia de encontrar en Bolivia un espacio donde las tradiciones mexicanas puedan dialogar con expresiones espirituales similares.
La intención de las autoridades es dar continuidad a esta iniciativa en los próximos años, consolidando un espacio permanente de integración cultural entre Bolivia y México.
“Bolivia-México, México-Bolivia tienen tantas similitudes y una de estas está vinculada a la esperanza, a la fe”, expresó Dockweiler, quien concluyó deseando una jornada de unión y celebración para las familias de ambos países.
Así, La Paz se convirtió en escenario de un encuentro que reivindica la memoria, la identidad y la diversidad cultural, recordando que, más allá de las fronteras, las tradiciones también pueden unir a los pueblos a través de la esperanza de volver a encontrarse con sus seres queridos.




